Tus manos...


No soy consciente de la primera vez que sostuviste mis manos entre las tuyas. Pero tú le has dado forma a esa primera vez con tus recuerdos. Eran demasiado pequeñas ¿Recuerdas? Tenías miedo que se rompieran... Supongo que aquella primera vez podría complementar a la que yo si recuerdo. Seguían siendo pequeñas, aunque quizás un poco menos. Tenía miedo mucho. Pero tus manos estaban ahí firmes para decirme que estabas conmigo que no lo tuviera, que contigo todo iría bien.
No recuerdo si esa vez fue la primera y la última. Pero de lo que sí me acuerdo es que desde ese día tus manos ya no me agarran. Que aprendí a caminar sola, a que otras manos me diera ese calor que debiste darme tú. Y, dime, ¿ qué hago ahora si tengo miedo? Porque solo tus manos conseguían ese efecto. Y aún hoy me sigo preguntando que hacer en muchos momentos en los que tú deberías estar y no has estado. Supongo que la respuesta a todo eso siempre ha sido sencilla, y es que, aunque tú no estuvieras, a pesar de lo mucho que me hacías falta, siempre me he tenido a mí... 

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